Era un dia qualsevol, emmarcat entre els mesos de gener a desembre, i en que el Sol havia sortit de l'est per amagar-se a ponent, d'un any posterior a l'escriptura.
I en aquest dia qualsevol, em va arribar els cants d'una història que valia la pena recordar. I es que vaig conèixer la història d'una PERSONA, així en majúscules i sense preàmbuls.
La noia de la qui parla la història, era la d'una lluitadora invisible. I no perquè ella no volgués fer sentir la seva veu, si no perquè la societat masclista que l'envoltava, pretenia ofegar els seus crits sota tòpics, les seves reivindicacions sota tradicions de naftalina i en definitiva, la pervivènça d'un statu quo que no li permetria mai aixecar la veu.
Però ella, la lluitadora invisible, va fer gala d'una cosa que aquests mal dits puristes, no estaven acostumats. Va utilitzar la intel·ligència per lluitar. Però no la més purament acadèmica, si no la de carrer, la que et dóna la vida cada dia.
Exemples de la seva lluita, en trobarem mil. Brandan una pancarta o un megafon a crit reivindicatiu, o fent pedagogia amb cada una de les seves frases, la seva lluita es va fer sentir. Per sort, no estava sola. Però sí que foren les seves accions les que provocaren el ressò i moltes persones (com jo) escoltéssim aquest eco.
Fins i tot, va haver d'explicar que el múscul més sensual d'una persona és el seu cervell. La sapiosexualitat que se'n diu, i ella d'això també en va sobrada, malgrat caducs joves ancians no siguin capaços de veure més enllà. I sí, la defensa de les idees i les causes justes també és sexy.
Avui, lluitadora invisible, et dedico aquestes quatre paraules per, en la modèstia d'aquesta pàgina, et sentis més recolzada.
Perquè, les PERSONES, que sou poques, tenim l'obligació de cuidar-vos.
miércoles, 22 de marzo de 2017
jueves, 14 de agosto de 2014
Lo siento
Un pequeño fragmento de un cuento
Lo siento, un par de palabras que son relativamente fáciles de escribir y de pronunciar, pero que demasiadas veces cuestan de decir, o cuando se dicen, ya es demasiado tarde. Porque decir lo siento implica reconocer que has hecho algo mal, que te has equivocado o simplemente que no has actuado como deberías haberlo hecho. Y demasiadas veces nuestro yo se resiste a admitir una equivocación. A admitirla, o hacerlo cuando ya es demasiado tarde.
Y generalmente todo deriva del miedo. El miedo que siento que, en ocasiones, se convierte en un atenazante. Se convierte en aquella neblina que nubla la clara visión que siempre tenía y que me impide ver la realidad con mis ojos, para acabarla viendo con los suyos, los del miedo. Entonces, cuando la neblina te ha afectado es cuando empieza la concatenación de errores.
Errores, uno tras otro y siempre pensando que el siguiente error enmendará el que acabo de cometer, Y, lógicamente, no es así. Si me abstrajera y lo viera desde fuera me diría "Estúpido! Abre los ojos, que la vas a cagar otra vez!". Pero no, no pude hacer eso. No pude ver desde fuera la cadena de errores que cometía desde dentro. Y mi yo miedoso se escuchó demasiado a su miedo y falló.
Dirán que es humano tener miedo. Cuando afrontas una nueva situación, puedes tener miedo. ¡Pues claro que sí! Porqué te mantiene con los pies en el suelo. Pero en el momento que es ese maldito miedo el que motiva tus acciones, en ese instante "date por jodido". Porqué hasta no salir de ese espiral la vas a seguirla cagando una vez detrás de otra. Llegados a este punto, darse cuenta de lo sucedido es un buen inicio. El diagnóstico que diría un médico. Pero a partir de ahí, hay que ser valiente para mirar a tu miedo a los ojos y decirle: "¡Vete a la mierda! Las riendas las vuelvo a coger yo!"
Al hacer eso, al recuperar el control, tengo que rehacer todo lo que el miedo fue destruyendo poco a poco. Y empezar así. LO SIENTO. Así que, seas quien seas, si me estás leyendo, que sepas que LO SIENTO, desde lo más profundo de mi corazón. Y ahora empiezo a saber porqué era, pues no era yo quien controlaba mis impulsos y la fui cagando una vez y otra vez y otra vez... Creo que esta vez, por fin, entendí la lección. Porqué he liado la madeja más de lo que debería, pese a estar sobre aviso. Pero no es hasta que el hilo te aprieta que te das cuenta que tenían razón y que estabas viendo desiertos en donde solo había un grano de arena. He pensado, he meditado y he llegado a esta conclusión, pues hice un todo de nada y lo hice por miedo. Ahora lo sé. Y lucharé y trabajaré para que las riendas estén en mis manos y no en las de mi yo miedoso, para que no haya madejas liadas y para saber diferenciar los granos de arena de las dunas del desierto.
LO SIENTO
Lo siento, un par de palabras que son relativamente fáciles de escribir y de pronunciar, pero que demasiadas veces cuestan de decir, o cuando se dicen, ya es demasiado tarde. Porque decir lo siento implica reconocer que has hecho algo mal, que te has equivocado o simplemente que no has actuado como deberías haberlo hecho. Y demasiadas veces nuestro yo se resiste a admitir una equivocación. A admitirla, o hacerlo cuando ya es demasiado tarde.
Y generalmente todo deriva del miedo. El miedo que siento que, en ocasiones, se convierte en un atenazante. Se convierte en aquella neblina que nubla la clara visión que siempre tenía y que me impide ver la realidad con mis ojos, para acabarla viendo con los suyos, los del miedo. Entonces, cuando la neblina te ha afectado es cuando empieza la concatenación de errores.
Errores, uno tras otro y siempre pensando que el siguiente error enmendará el que acabo de cometer, Y, lógicamente, no es así. Si me abstrajera y lo viera desde fuera me diría "Estúpido! Abre los ojos, que la vas a cagar otra vez!". Pero no, no pude hacer eso. No pude ver desde fuera la cadena de errores que cometía desde dentro. Y mi yo miedoso se escuchó demasiado a su miedo y falló.
Dirán que es humano tener miedo. Cuando afrontas una nueva situación, puedes tener miedo. ¡Pues claro que sí! Porqué te mantiene con los pies en el suelo. Pero en el momento que es ese maldito miedo el que motiva tus acciones, en ese instante "date por jodido". Porqué hasta no salir de ese espiral la vas a seguirla cagando una vez detrás de otra. Llegados a este punto, darse cuenta de lo sucedido es un buen inicio. El diagnóstico que diría un médico. Pero a partir de ahí, hay que ser valiente para mirar a tu miedo a los ojos y decirle: "¡Vete a la mierda! Las riendas las vuelvo a coger yo!"
Al hacer eso, al recuperar el control, tengo que rehacer todo lo que el miedo fue destruyendo poco a poco. Y empezar así. LO SIENTO. Así que, seas quien seas, si me estás leyendo, que sepas que LO SIENTO, desde lo más profundo de mi corazón. Y ahora empiezo a saber porqué era, pues no era yo quien controlaba mis impulsos y la fui cagando una vez y otra vez y otra vez... Creo que esta vez, por fin, entendí la lección. Porqué he liado la madeja más de lo que debería, pese a estar sobre aviso. Pero no es hasta que el hilo te aprieta que te das cuenta que tenían razón y que estabas viendo desiertos en donde solo había un grano de arena. He pensado, he meditado y he llegado a esta conclusión, pues hice un todo de nada y lo hice por miedo. Ahora lo sé. Y lucharé y trabajaré para que las riendas estén en mis manos y no en las de mi yo miedoso, para que no haya madejas liadas y para saber diferenciar los granos de arena de las dunas del desierto.
LO SIENTO
viernes, 23 de mayo de 2014
Mirant a l'horitzó
Era un dia qualsevol, d'una època molt llunyana i en una data que no té més importància. El món continuava girant,sense aturador, com feia desde l'inici dels temps. Però per mi, era com si s'hagués aturat. Davant la mar, forta, brava i valenta. mirava com un espectacle se m'anava cristalitzant davant els ulls. La solidesa de la roca s'enfrontava a les embestides de les ones, cada cop més grans, deixant darrera de cada batalla una escuma blanca en forma de treva, fins la següent onada.
En aixecar una mica més la vista, tot i la grisor del dia, vaig apreciar l'horitzó. Aquella línia imaginària on terra, mar i cel coincideixen. On segur, en cas de poder-hi arribar, tot es diferent doncs la comunió dels elements fa que així sigui. Perdent la mirada més enllà de l'horitzó vaig visualitzar un mirall, el de la vida.
Reflectit allí, amb aquella aroma salat que només la mar et pot portar, observa amb més por que curiositat els reflexes d'aquell mirall. No reflexava el que es veia, si no el que es sentia. La imatge em va escudrinyar fins a l'últim mil·límetre de la meva ànima, del meu jo més ocult, aquell que, en ocasions ni un mateix sap que existeix i molt menys sap controlar.
No sabria dir amb certesa les hores que vaig passar, o tal vegada foren només segons. El que sí sé es el que vaig veure. El reflexe d'una vida, vista sota l'únic prisma d'un mateix. Felicitat i amargura, pànic i alegria, triomf i derrota, s'arremolinaven en forma de records que no eren més que un passat en ocasions pròxim i en altres terriblement llunyà. Fins i tot imatges d'altres èpoques on ni tan sols havia viscut. Suposo que és la màgia de la ment, aquella que et pot portar on vulguis anar si ets capaç de conduir-la.
Al final de tot, però, sempre la mateixa conclusió. Amor. Fos quin fos el record, sempre acabava invocant una referència a l'amor. Ara ho entenia. Per més que mil i una vegades havia pronunciat aquella frase: "l'amor pot ser que no sigui el motor del món, però fa que el viatge valgui la pena". Havia comprès la frase precisament des de l'absència. Tot triomf, per més gran que fos era buit si no el podies compartir. I per vanaglòria d'un mateix si no des del punt de vista més gran de la paraula compartir, i aquest és el punt de vista de l'amor. Quan el perds no perquè s'acabi si no perquè t'equivoques, saps que fins que el tornis a sentir, el viatge no haurà valgut la pena.
Una nova onada va picar amb una contundència fora del normal. L'aigua que em va xopar la cara em va fer tornar des de l'horitzó fins a terra ferma. Calia continuar caminant, el viatge no s'havia acabat per més que no li trobés sentit.
Era tardor i la grisor d'aquell dia s'acabaria convertit en un fred hivern que ja trucava a la porta.
En aixecar una mica més la vista, tot i la grisor del dia, vaig apreciar l'horitzó. Aquella línia imaginària on terra, mar i cel coincideixen. On segur, en cas de poder-hi arribar, tot es diferent doncs la comunió dels elements fa que així sigui. Perdent la mirada més enllà de l'horitzó vaig visualitzar un mirall, el de la vida.
Reflectit allí, amb aquella aroma salat que només la mar et pot portar, observa amb més por que curiositat els reflexes d'aquell mirall. No reflexava el que es veia, si no el que es sentia. La imatge em va escudrinyar fins a l'últim mil·límetre de la meva ànima, del meu jo més ocult, aquell que, en ocasions ni un mateix sap que existeix i molt menys sap controlar.
No sabria dir amb certesa les hores que vaig passar, o tal vegada foren només segons. El que sí sé es el que vaig veure. El reflexe d'una vida, vista sota l'únic prisma d'un mateix. Felicitat i amargura, pànic i alegria, triomf i derrota, s'arremolinaven en forma de records que no eren més que un passat en ocasions pròxim i en altres terriblement llunyà. Fins i tot imatges d'altres èpoques on ni tan sols havia viscut. Suposo que és la màgia de la ment, aquella que et pot portar on vulguis anar si ets capaç de conduir-la.
Al final de tot, però, sempre la mateixa conclusió. Amor. Fos quin fos el record, sempre acabava invocant una referència a l'amor. Ara ho entenia. Per més que mil i una vegades havia pronunciat aquella frase: "l'amor pot ser que no sigui el motor del món, però fa que el viatge valgui la pena". Havia comprès la frase precisament des de l'absència. Tot triomf, per més gran que fos era buit si no el podies compartir. I per vanaglòria d'un mateix si no des del punt de vista més gran de la paraula compartir, i aquest és el punt de vista de l'amor. Quan el perds no perquè s'acabi si no perquè t'equivoques, saps que fins que el tornis a sentir, el viatge no haurà valgut la pena.
Una nova onada va picar amb una contundència fora del normal. L'aigua que em va xopar la cara em va fer tornar des de l'horitzó fins a terra ferma. Calia continuar caminant, el viatge no s'havia acabat per més que no li trobés sentit.
Era tardor i la grisor d'aquell dia s'acabaria convertit en un fred hivern que ja trucava a la porta.
domingo, 2 de marzo de 2014
L'efecte papallona
Segur que tots hem escoltat alguna vegada la vella llegenda que ens conta que, l'aleteig d'una papallon a Tòkio pot acabar desembocant en un huracà a Nova York. O en la seva vessant econòmica que diu una cosa similar a "quan Estats Units estornuda, Europa es refreda". I és cert, ambdós són vertaderament certs.
I és això el que us vull explicar. Les petites decisions de cada dia, poden acabar suposant grans canvis no només per nosaltres si no per tot el nostre món. Rebre un missatge per fer una copa i dir sí, pot acabar provocant una concatenació d'esdeveniments que, i ja parlant des d'un punt de vista completament subjectiu i sense gens ni mica d'objectivitat, t'acabin millorant la vida.
Em permeto dir què cal ser valent a l'hora de prendre decisions. Deia Dan Brown a Inferno, que no hi ha pitjor pecat que no fer res quan la situació es complica. I hi estic completament d'acord. Sóc defensor de decidir, no del dret perquè el tenim desde que naixem, si no de ser valent i prendre decisions.
Equivocar-se és el millor dels aprenentatges perquè permet precisament això, aprendre. No fer res no ensenya, amagar el cap sota l'ala no et fa evolucionar. Tirar endavant sí, però arriba un moment en que se t'acaba el camí i no val allò d'esperar que et vinguin a treure les castanyes del foc.
I tot ve d'un moment, un instant, en que dir SÍ, i un altre cop SÍ, va suposar un canvi de dimensions indescriptibles. Un canvi humà, un gir just i benigne. I en definitiva, el pes d'una decisió que avui no canviaria per res del món. I torno a repetir SÍ i un altre cop SÍ.
I és això el que us vull explicar. Les petites decisions de cada dia, poden acabar suposant grans canvis no només per nosaltres si no per tot el nostre món. Rebre un missatge per fer una copa i dir sí, pot acabar provocant una concatenació d'esdeveniments que, i ja parlant des d'un punt de vista completament subjectiu i sense gens ni mica d'objectivitat, t'acabin millorant la vida.
Em permeto dir què cal ser valent a l'hora de prendre decisions. Deia Dan Brown a Inferno, que no hi ha pitjor pecat que no fer res quan la situació es complica. I hi estic completament d'acord. Sóc defensor de decidir, no del dret perquè el tenim desde que naixem, si no de ser valent i prendre decisions.
Equivocar-se és el millor dels aprenentatges perquè permet precisament això, aprendre. No fer res no ensenya, amagar el cap sota l'ala no et fa evolucionar. Tirar endavant sí, però arriba un moment en que se t'acaba el camí i no val allò d'esperar que et vinguin a treure les castanyes del foc.
I tot ve d'un moment, un instant, en que dir SÍ, i un altre cop SÍ, va suposar un canvi de dimensions indescriptibles. Un canvi humà, un gir just i benigne. I en definitiva, el pes d'una decisió que avui no canviaria per res del món. I torno a repetir SÍ i un altre cop SÍ.
domingo, 23 de febrero de 2014
La poma, la cistella i el desig de canviar el món
Tots hem sentit alguna vegada a la vida aquella expressió tan vella de "Si hi ha una poma podrida, acabarà podrint tota la cistella". I no deixa de ser terriblement certa, doncs tots hem pogut visualitzar al nostre entorn com un fet negatiu s'acaba propagant amb molta més velocitat que una cosa bona. Dit d'altra manera, i utilitzant un altre tòpic: "Una mentida ha donat la volta al món quan la veritat encara no s'ha posat ni els pantalons". I el pitjor de tot plegat és que a la sala, pràcticament ningú podria aixecar la mà i dir que mai a la vida ha participat, directa o indirectament, a ajudar a podrir "una cistella de pomes".
Arribat en aquest punt, en que hi ha un grapat de pomes sanes que volen canviar el món, cal prendre'n consciència. Perquè massa sovint, pomes sanes i madures, en el seu millor moment s'han acabat passant i en conseqüència podrint, per què ningú se les va menjar a temps. És a dir, la importància del moment acaba sent crucial. Allò del moment indicat i el lloc oportú.
Amb tot això, acabes per pensar... Val la pena lluitar per canviar el món? Si quan encara no has pogut començar a treballar ja t'han col·locat alguna poma podrida a prop que et vol convertir "en material per a sucs". I tant que val la pena. El que hi ha en joc és massa important com per permetre'ns el luxe de tirar la tovallola, deixar-nos endur per la corrent.
Massa sovint et prenen per ximple, quan tens aquells somnis de voler canviar el món. I si bé tenen part de raó, si no hi hagués aquests esperits lliures i somniados, que es neguen a podrir-se com ho fa el seu entorn, probablement encara viuríem en coves.
Simplement vinc a dir que sí, lluita. Val la pena. No et rendeixis, perquè després et sabrà greu haver renunciat. I sí, també m'ho dic a mi mateix. Perquè al final del viatge, i quan ens posem davant del mirall, hem de ser capaços de poder mirar sense apartar la vista. I sobretot, veure el que em fet i ja no dic poder sentir orgull, perquè massa vegades aquesta paraula s'acaba convertint en quelcom negatiu, però sí que ens agradi.
Pot se tot això només m'ho estic dient a mi mateix. I aquest text acabi sent un mirall. Pot ser si. Però, sigui com sigui, l'important és menjar-se la poma quan està madura.
Arribat en aquest punt, en que hi ha un grapat de pomes sanes que volen canviar el món, cal prendre'n consciència. Perquè massa sovint, pomes sanes i madures, en el seu millor moment s'han acabat passant i en conseqüència podrint, per què ningú se les va menjar a temps. És a dir, la importància del moment acaba sent crucial. Allò del moment indicat i el lloc oportú.
Amb tot això, acabes per pensar... Val la pena lluitar per canviar el món? Si quan encara no has pogut començar a treballar ja t'han col·locat alguna poma podrida a prop que et vol convertir "en material per a sucs". I tant que val la pena. El que hi ha en joc és massa important com per permetre'ns el luxe de tirar la tovallola, deixar-nos endur per la corrent.
Massa sovint et prenen per ximple, quan tens aquells somnis de voler canviar el món. I si bé tenen part de raó, si no hi hagués aquests esperits lliures i somniados, que es neguen a podrir-se com ho fa el seu entorn, probablement encara viuríem en coves.
Simplement vinc a dir que sí, lluita. Val la pena. No et rendeixis, perquè després et sabrà greu haver renunciat. I sí, també m'ho dic a mi mateix. Perquè al final del viatge, i quan ens posem davant del mirall, hem de ser capaços de poder mirar sense apartar la vista. I sobretot, veure el que em fet i ja no dic poder sentir orgull, perquè massa vegades aquesta paraula s'acaba convertint en quelcom negatiu, però sí que ens agradi.
Pot se tot això només m'ho estic dient a mi mateix. I aquest text acabi sent un mirall. Pot ser si. Però, sigui com sigui, l'important és menjar-se la poma quan està madura.
martes, 11 de febrero de 2014
Crido
Crido, amb totes les meves forces i la meva ànima,
i gairebé no se’m sent. Ni tampoc se m’escolta més enllà del coll de la camisa.
I malgrat tot crido. Però la meva veu s’ofega. I ho fa sota un grapat de maleïdes
convencions socials, més encarregades en prejutjar, jutjar i malmetre a les
persones que no pas en poder fer que cada dia visquem en un món millor.
Perquè més enllà de les aparences, massa
sovint ens oblidem que hi ha persones. Que viuen i senten tant com cadascú dels
que puguem estar llegint aquest escrit. Però massa sovint aquestes crits queden
amagats pel xivarri d’una societat aparentaria, amb afany de jutge, fiscal, i
també de botxí.
És per això que crido, des del cim més alt de
la carena, i amb totes les meves forces, però la veu es perd entre la solitud
de les muntanyes doncs el guardat de les formes no deixa fer-ho en cap altre
entorn que no sigui aquest. Doncs de dir les veritats seria titllat per la
societat inquisidora, que sembla no haver avançat massa respecte els temps
feudals.
I avui escric, el que diria cridant en mig de
la plaça més cèntrica, doncs no hi ha xivarri ni rebombori que amagui les
lletres encadenades una darrera l’altra. Dient amb tota la força que ja n’hi ha
prou d’aquesta societat farcida de jurats populars de cantonada, de jutges de
plaça, de botxins del cap del carrer i de persones que no poden cridar ni ser
lliures per culpa de la presó que suposen les maleïdes convencions socials i
que ens han menat a una societat que creu ser més lliure que mai quan realment
viu esclavitzada en els seus propis errors.
Un crit, per si sol, s’apagarà en la multitud
de veus. Però si totes les veus s’uneixen en un sol crit, encara hi ha futur i
esperança per nosaltres. Una altra realitat és possible, però cal que cridem
tots junts i molt fort per a poder-la arribar a veure.
lunes, 20 de enero de 2014
Entre valores y progreso
Era una de aquellas tardes del verano permanente que se vive en la franja ecuatorial. Yo yacía en el suelo con mi último aliento aún dentro, sintiendo como la lluvia, tan impredecible como habitual, caía sobre mi. Y, mientras los nubarrones cubrían el cielo, me acordé de los motivos que me habían llevado a estar tumbado sobre la hierba, atravesado por el progreso que yo había defendido no hacía demasiadas lunas.
Todo empezó con el primer viaje en busca de las Indias y que acabó en este nuevo continente. Yo era uno de los tripulantes de aquellas tres carabelas. Fui de los que decidí quedarme y descubrir aquellas nuevas tierras que había más allá de las islas bañadas por lo que ustedes conocen ahora como el mar del Caribe. Me adentré y me topé con una cultura milenaria. Los Mayas. Como decía, cultura ancestral adoradora de la naturaleza cuyos valores no estaban pervertidos por el mal llamado "progreso".
Su parajes eran aún vírgenes, construcciones hechas sin tecnología que los europeos, los "avanzados europeos", éramos incapaces de saber como se habían hecho. Un auténtico pozo de sabiduría que se había detenido en el tiempo, simplemente porqué el progreso (el nuestro, el europeo) no era imprescindible para la vida, para ser felices y sí la convivencia con la madre naturaleza. No en vano, en el centro de su universo se hallaba la figura de un árbol, capaz de conectar el cielo y la tierra con su altura y sus raíces. Lo que en la Vieja Europa nunca hubiera concebido, en el Nuevo Mundo lo hice mío. No por la fuerza, si no por auténtico y puro mimetismo.
Para los nuevos Europeos que llegaban con cada viaje, los que ya estábamos éramos embajadores y los primeros conquistadores. Nunca soporté ese término. Además, a medida que iba adentrándome en dicha cultura, mis lazos afectivos con mi pasado se rompían y mi corazón estaba más cerca de esa nueva vida que conocía. Admito que mi admiración no fue únicamente cultural. Allí descubrí cosas que ni tan siquiera sabía que existían. Una belleza indómita, natural y hechizante. Fue al mirar aquellos ojos negros, que sentí que nunca más iba a marcharme de mi casa. Sí, mi casa.
Es por eso que hoy estoy en el suelo. Porqué los que antaño fueron mis compatriotas decidieron obedecer a la codicia y destruir todas estas civilizaciones en pro de arrebatarles sus tesoros. Matar a golpes de cruz en pro de una religión que ni tan siquiera ellos hacen suya por más que hablen. Y en definitiva porqué los llegados de la Vieja Europa enterraron sus valores por un puñado de oro y prefirieron destruir y ahogar a quienes les brindaron su casa, su convivencia y sus recursos.
No podía luchar en ese bando. Por más que las máquinas de guerra nos pasaran por encima. Por más que mis antiguos compatriotas nos masacraran. Si debía morir lo haría aquí y ahora. Luchando por el Nuevo Mundo que era como uno siempre había soñado. En convivencia con todo y a favor de, nunca en contra. Y por eso a los que vinieron a destruirlo les maldigo.
En los pocos días que tuvimos para prepararnos enseñé cuatro trucos a mis nuevos amigos. Insuficientes para ganar, cierto, pero sí para morir con dignidad. Sabíamos que estábamos perdidos. No éramos tan "avanzados" porqué tan solo contábamos con mi arma de pólvora. Y como digo, seríamos masacrados por el mal llamado progreso, que visto desde el suelo y con la lluvia mojándome no puedo ponerle otro nombre que atraso. Atraso de civilización pues prefiere la muerte y la destrucción, ama la codicia y la avaricia rechazando a quienes les enseñaron sus secretos y brindaron su ayuda.
El primer disparo impactó en mi pecho. Fui el primero en caer. Mientras mis amigos me sacaban arrastrando sabía que ya no habría mañana. Detrás de la guardia, me esperaba ella. Me miró a los ojos y agradezco a Dios que aquellos diamantes negros fueran mi última visión. Se acercó y me abrazó, su larga y lisa melena negra cubrió parte de mi rostro y de mi maltrecha armadura. Cuando se separó, al mismo ritmo que nos separábamos expiré y conmigo se perdió parte de la cordura de aquellos exploradores que soñaban con convivir en un Nuevo Mundo. En su lugar llegaron conquistadores, cuyos herederos, siglos más tarde, fueron expulsados de la misma manera en que ellos habían maltratado a los habitantes autóctonos.
Hoy, mañana y siempre solo puedes convivir con quien acepta que seas su igual. Si quiere tenerte bajo su yugo, su asfixia y su control a eso no se le llama convivir. Destruyeron una cultura, pero nunca el recuerdo y la fuerza de lo que fue y que perdura con el paso de los siglos.
Todo empezó con el primer viaje en busca de las Indias y que acabó en este nuevo continente. Yo era uno de los tripulantes de aquellas tres carabelas. Fui de los que decidí quedarme y descubrir aquellas nuevas tierras que había más allá de las islas bañadas por lo que ustedes conocen ahora como el mar del Caribe. Me adentré y me topé con una cultura milenaria. Los Mayas. Como decía, cultura ancestral adoradora de la naturaleza cuyos valores no estaban pervertidos por el mal llamado "progreso".
Su parajes eran aún vírgenes, construcciones hechas sin tecnología que los europeos, los "avanzados europeos", éramos incapaces de saber como se habían hecho. Un auténtico pozo de sabiduría que se había detenido en el tiempo, simplemente porqué el progreso (el nuestro, el europeo) no era imprescindible para la vida, para ser felices y sí la convivencia con la madre naturaleza. No en vano, en el centro de su universo se hallaba la figura de un árbol, capaz de conectar el cielo y la tierra con su altura y sus raíces. Lo que en la Vieja Europa nunca hubiera concebido, en el Nuevo Mundo lo hice mío. No por la fuerza, si no por auténtico y puro mimetismo.
Para los nuevos Europeos que llegaban con cada viaje, los que ya estábamos éramos embajadores y los primeros conquistadores. Nunca soporté ese término. Además, a medida que iba adentrándome en dicha cultura, mis lazos afectivos con mi pasado se rompían y mi corazón estaba más cerca de esa nueva vida que conocía. Admito que mi admiración no fue únicamente cultural. Allí descubrí cosas que ni tan siquiera sabía que existían. Una belleza indómita, natural y hechizante. Fue al mirar aquellos ojos negros, que sentí que nunca más iba a marcharme de mi casa. Sí, mi casa.
Es por eso que hoy estoy en el suelo. Porqué los que antaño fueron mis compatriotas decidieron obedecer a la codicia y destruir todas estas civilizaciones en pro de arrebatarles sus tesoros. Matar a golpes de cruz en pro de una religión que ni tan siquiera ellos hacen suya por más que hablen. Y en definitiva porqué los llegados de la Vieja Europa enterraron sus valores por un puñado de oro y prefirieron destruir y ahogar a quienes les brindaron su casa, su convivencia y sus recursos.
No podía luchar en ese bando. Por más que las máquinas de guerra nos pasaran por encima. Por más que mis antiguos compatriotas nos masacraran. Si debía morir lo haría aquí y ahora. Luchando por el Nuevo Mundo que era como uno siempre había soñado. En convivencia con todo y a favor de, nunca en contra. Y por eso a los que vinieron a destruirlo les maldigo.
En los pocos días que tuvimos para prepararnos enseñé cuatro trucos a mis nuevos amigos. Insuficientes para ganar, cierto, pero sí para morir con dignidad. Sabíamos que estábamos perdidos. No éramos tan "avanzados" porqué tan solo contábamos con mi arma de pólvora. Y como digo, seríamos masacrados por el mal llamado progreso, que visto desde el suelo y con la lluvia mojándome no puedo ponerle otro nombre que atraso. Atraso de civilización pues prefiere la muerte y la destrucción, ama la codicia y la avaricia rechazando a quienes les enseñaron sus secretos y brindaron su ayuda.
El primer disparo impactó en mi pecho. Fui el primero en caer. Mientras mis amigos me sacaban arrastrando sabía que ya no habría mañana. Detrás de la guardia, me esperaba ella. Me miró a los ojos y agradezco a Dios que aquellos diamantes negros fueran mi última visión. Se acercó y me abrazó, su larga y lisa melena negra cubrió parte de mi rostro y de mi maltrecha armadura. Cuando se separó, al mismo ritmo que nos separábamos expiré y conmigo se perdió parte de la cordura de aquellos exploradores que soñaban con convivir en un Nuevo Mundo. En su lugar llegaron conquistadores, cuyos herederos, siglos más tarde, fueron expulsados de la misma manera en que ellos habían maltratado a los habitantes autóctonos.
Hoy, mañana y siempre solo puedes convivir con quien acepta que seas su igual. Si quiere tenerte bajo su yugo, su asfixia y su control a eso no se le llama convivir. Destruyeron una cultura, pero nunca el recuerdo y la fuerza de lo que fue y que perdura con el paso de los siglos.
miércoles, 15 de enero de 2014
Llegado el momento
Sentía que no podía mirar atrás. Su decisión estaba tomada y a cada paso de su brioso corcel estaba convencido de haber hecho lo correcto. El trote rápidamente dio paso al galope y el bosque que debía cruzar acabó por convertirse en un seguido de imágenes, sin demasiado sentido, pues su cuerpo se adaptaba al de su caballo buscando la posición para que la velocidad fuera extrema. Lo logró.
Mientras avanzaba en busca de la torre más alta ni le importó a cuantos tuvo que dejar al borde del camino. Su único objetivo era llegar, sin importar el precio que pagara. Su brazo no estaba plenamente recuperado, pero su astucia superaba la de sus rivales. Si bien es cierto que su armadura, un arapo de cuero, apenas le protegía, no es menos veraz que le daba una facilidad de movimientos que los maceros conquistadores no tenían. Él, su espada y su caballo cruzaban líneas infectadas de infelices que combatían por dinero, con la misma facilidad que un pájaro surca el cielo. Su cometido era más, mucho más que una bolsa llena de plata.
Sabía que el tramo final, hasta llegar al castillo, sería el más difícil. La guardia pretoriano del tirano era la que estaba en el último nivel. Sin embargo, seguía existiendo una diferencia abismal entre él y sus rivales. Unos luchaban por dinero, solo por dinero, y él lo hacía en honor a lo que sentía, más allá de arcaicos juramentos. Luchaba en pro de la libertad y en beneficio de la justicia. Y era precisamente eso, libertado y justicia, la fuerza secreta de unos puños jóvenes que apartaban maceros como quien corta flores del jardín.
Su inseparable media loba seguía a su lado. Mordiendo a cualesquiera que fueran los arqueros que le querían derribar. Desde la sombra, aparecía siempre para salvarle la vida cuantas veces fuera necesario. Una mezcla de destreza e ingenio le llevaron hasta las puertas del castillo. Allí, su capa negra y larga cubrió su cuerpo dándole un aire de majestuosidad que no se había presenciado hasta el momento. Erguido, al lado de su caballo, ahora sí parecía por fin el caballero que se esperaba que fuera.
Una puerta, las escaleras y un tirano eran lo que separaban al caballero de la princesa. Llegó el momento de olvidar el miedo, pues te paralizar, de abrir bien los ojos, pero no los dos de la cara si no los sentidos ya que de trampas estaría el camino lleno. Y especialmente de avanzar, pues luchando con libertad y justicia nada, absolutamente nada podía salir mal.
Mientras avanzaba en busca de la torre más alta ni le importó a cuantos tuvo que dejar al borde del camino. Su único objetivo era llegar, sin importar el precio que pagara. Su brazo no estaba plenamente recuperado, pero su astucia superaba la de sus rivales. Si bien es cierto que su armadura, un arapo de cuero, apenas le protegía, no es menos veraz que le daba una facilidad de movimientos que los maceros conquistadores no tenían. Él, su espada y su caballo cruzaban líneas infectadas de infelices que combatían por dinero, con la misma facilidad que un pájaro surca el cielo. Su cometido era más, mucho más que una bolsa llena de plata.
Sabía que el tramo final, hasta llegar al castillo, sería el más difícil. La guardia pretoriano del tirano era la que estaba en el último nivel. Sin embargo, seguía existiendo una diferencia abismal entre él y sus rivales. Unos luchaban por dinero, solo por dinero, y él lo hacía en honor a lo que sentía, más allá de arcaicos juramentos. Luchaba en pro de la libertad y en beneficio de la justicia. Y era precisamente eso, libertado y justicia, la fuerza secreta de unos puños jóvenes que apartaban maceros como quien corta flores del jardín.
Su inseparable media loba seguía a su lado. Mordiendo a cualesquiera que fueran los arqueros que le querían derribar. Desde la sombra, aparecía siempre para salvarle la vida cuantas veces fuera necesario. Una mezcla de destreza e ingenio le llevaron hasta las puertas del castillo. Allí, su capa negra y larga cubrió su cuerpo dándole un aire de majestuosidad que no se había presenciado hasta el momento. Erguido, al lado de su caballo, ahora sí parecía por fin el caballero que se esperaba que fuera.
Una puerta, las escaleras y un tirano eran lo que separaban al caballero de la princesa. Llegó el momento de olvidar el miedo, pues te paralizar, de abrir bien los ojos, pero no los dos de la cara si no los sentidos ya que de trampas estaría el camino lleno. Y especialmente de avanzar, pues luchando con libertad y justicia nada, absolutamente nada podía salir mal.
domingo, 8 de diciembre de 2013
El vacío de tu ausencia, la magia de tu presencia
El día llegaba a su ocaso, quizás un poco antes de lo habitual, pues ciertas nubes oscurecían la puesta de Sol y hacían que la oscuridad llegara antes de su hora. Tras varios días de calor veraniego más que primaveral, un manto de lluvia había aparecido, para devolver a la realidad climática aquellos chispazos que querían confundirnos. Para mi, aquella lluvia escondía algo más.
Los fogonazos de calor de la última semana había ido acompañado de una presencia inesperada, o tal vez largamente esperada, quien sabe. Supongo que es aquello que los entendidos llaman la alineación de los astros cuando todo lo suceptible de salir bien, sale bien. O al menos uno cree que sale bien.
Aquella primavera de 1910 estaba siendo diferente, especial y mágica. Las tardes en bicicleta, las puestas de Sol, el florecer de las plantas y aquellos primeros días de calor... Como decía, todo era perfecto. Aún recuerdo lo duro que era el sillín, lo grandes que eran las ruedas y la fragancia de aquellas flores recién cortadas.
Pero, sería justo decir y recordar, que las flores eran bellas, sí, pero su belleza caía en el olvido cuando se postraban en aquella mano. Pocas veces un espectáculo así se puede presenciar y yo, aquella primavera, aquella última semana primaveral de 1910 la pude vivir. Pensando que la bucólica imagen y que el embriagador aroma de aquella postal de película sería para siempre.
Pero siempre es una palabra de difícil pronunciación y aún más de prácticamente imposible cumplimiento. Coincidiendo con aquella lluvia primaveral, habitual en esas fechas aunque ese año aún no había aparecido, llegó el momento de partir. Supongo que por doloroso su diálogo fue obviado, pero acabó llegando.
Fue en subir al tren, sentarme y empezar a pensar en lo que dejaba en aquella estación que sentí el vacío. Sentí el vacío de tu ausencia pues no sabía cuando volvería a tenerte entre mis brazos. Mientras mi corazón bombeaba sangre que te echaba de menos, mi cabeza me llevó a otra parte. Me volvieron los recuerdos, te veía sentada frente a mi en cerrar los ojos. Sentía dentro de mi la magia de tu presencia.
Esa dualidad provocó en mi risas y llanto. Lloraba por el vacío que me dejaba tu ausencia pero dibujaba una pequeña sonrisa recordando la magia de tu presencia.
martes, 19 de noviembre de 2013
El caballero de la flecha
Estaba cayendo del caballo. No sabía que era lo que había impactado en su hombro derecho pero sí que dolía y además mucho. Un sensación de frío le recorrió el cuero a la vez que por donde le había entrado aquella flecha le ardía a cual llamas del infierno. Fue el suelo lo que frenó aquel intenso dolor pues el impacto de su yelmo contra las piedras del camino le dejó inconsciente, como anestesia para operaciones.
El joven caballero emprendía el camino a casa tras una inquietante reunión en la corte de su Rey. El monarca le había dejado claro que su corta edad no era excusa para que no se hiciera cargo del legado de sus ancestros. Sin embargo, nadie dijo que las herencias recibidas fueran buenas y esta en concreto no lo era. Más allá de las tierras, lo siervos o el ganado, sus antepasados no habían cumplido con los tributos y ahora ya fallecidos le pasaban el testigo.
El Rey le pidió que se arrodillara. Y en los nombres de San Miguel, San José y San Jorge le ordenó caballero, para después cruzarle la cara golpeándole con el anillo. Aquel rostro, hasta entonces impoluto quedó marcado de por vida "para que no se te olvide el juramento" le dijo. Abatido, con la sensación extraña de saberse perdedor, bajó la mirada y salió caminando de la sala del trono. En la puerta, la princesa se detuvo frente a él.
- Levanta la cabeza, eres un caballero y los caballeros no miran al suelo. Miran a la vida a los ojos, más allá de lo que haya pasado.
- Sí, señora - dijo levantando la mirada y embriagándose con el embrujo de sus ojos.
Se sonrojó, balbuceó unas palabras y finalmente tartamudeó. Sintió que hacía el ridículo más espantoso de su vida. Que había tenido la oportunidad de hablar con la Princesa y que se había quedado prácticamente mudo.
Antes de marcharse cargó el carro del caballo porqué no tenía un escudero. Otra de las gracias del legado familiar. Fue entonces cuando levantó la vista y vio, en una de las ventanas del torreón más hermoso del castillo, aquellos ojos que le habían dejado hechizado. Maldijo una vez más su suerte y con una lágrima llena de tristeza bajando por su mejilla se subió al caballo y cabalgó. A su lado, su inseparable compañera. Una medio loba de ojos grises que le acompañaba a todas partes. Era su refugio en los malos momentos, en mañanas soleadas de paseo cuando aún era un niño, o noches oscuras desde su mayoría de edad.
Con la cabeza aún en la corte del Rey, pensando en que ya nada podía enmendar el ridículo cometido, llegó el primer impacto. Una flecha cruzó el bosque, cortando el viento, e impactó en su hombro derecho tumbándolo del caballo...
No sabía el tiempo que había pasado inconsciente. Fueron su medio loba que, a base de insistir logró despertarlo. Le dolía el brazo, había perdido ya mucha sangre y ésta seguía brotando. Observo una nota enganchada en el árbol contiguo que decía "A cambio de tus deudas". Miró a los costados y nada más que su caballo quedaba en aquel camino empedrado construido entre los árboles.
En pleno deliro y desolación por perder lo que tenía, por haber que lidiar con una herencia envenenada, recordó unas palabras que le salvaron la vida: "Levanta la cabeza, eres un caballero y los caballeros no miran al suelo. Miran a la vida a los ojos, más allá de lo que haya pasado". Como si aquella Princesa de ojos con embrujo estuviera a su lado, el caballero notó como la fuerza le volvía a su maltrecho brazo.
Se levantó con la ayuda de la medio loba y aún desangrándose logró formar un torniquete con su camisa. Aquella voz no dejaba de resonar en su cabeza. Y le daba fuerza. Se montó en el caballo y empezó a galopar. Fue entonces cuando abrió su mano izquierda y dentro vio que seguía teniendo la pequeña esclusa de oro. El motivo de su visita al Rey, su cometido.
Juró protegerla con la vida, porqué llegaría el momento en que fuera necesaria. El momento en que ningún viejo linaje pesaría más que la realidad del presente. En el que superar sus miedos, sus dudas y tomar las riendas de su vida de caballero como hacía con su caballo.
Llegado a su tierra, aún con el brazo dañado, arribó el mensajero. Era el momento. No miró atrás y sí adelante. Tomó su decisión, en contra de lo que su linaje le decía y emprendió su camino de vida. Cumpliendo únicamente con lo que el creía justo y deseaba, más allá de arcaicas promesas y tradiciones que nada tenían que ver con él. Se tatuó una flecha en su brazo. Completamente negra. Que siempre señalaba hacia adelante, que es como hay que mirar a la vida.
El joven caballero emprendía el camino a casa tras una inquietante reunión en la corte de su Rey. El monarca le había dejado claro que su corta edad no era excusa para que no se hiciera cargo del legado de sus ancestros. Sin embargo, nadie dijo que las herencias recibidas fueran buenas y esta en concreto no lo era. Más allá de las tierras, lo siervos o el ganado, sus antepasados no habían cumplido con los tributos y ahora ya fallecidos le pasaban el testigo.
El Rey le pidió que se arrodillara. Y en los nombres de San Miguel, San José y San Jorge le ordenó caballero, para después cruzarle la cara golpeándole con el anillo. Aquel rostro, hasta entonces impoluto quedó marcado de por vida "para que no se te olvide el juramento" le dijo. Abatido, con la sensación extraña de saberse perdedor, bajó la mirada y salió caminando de la sala del trono. En la puerta, la princesa se detuvo frente a él.
- Levanta la cabeza, eres un caballero y los caballeros no miran al suelo. Miran a la vida a los ojos, más allá de lo que haya pasado.
- Sí, señora - dijo levantando la mirada y embriagándose con el embrujo de sus ojos.
Se sonrojó, balbuceó unas palabras y finalmente tartamudeó. Sintió que hacía el ridículo más espantoso de su vida. Que había tenido la oportunidad de hablar con la Princesa y que se había quedado prácticamente mudo.
Antes de marcharse cargó el carro del caballo porqué no tenía un escudero. Otra de las gracias del legado familiar. Fue entonces cuando levantó la vista y vio, en una de las ventanas del torreón más hermoso del castillo, aquellos ojos que le habían dejado hechizado. Maldijo una vez más su suerte y con una lágrima llena de tristeza bajando por su mejilla se subió al caballo y cabalgó. A su lado, su inseparable compañera. Una medio loba de ojos grises que le acompañaba a todas partes. Era su refugio en los malos momentos, en mañanas soleadas de paseo cuando aún era un niño, o noches oscuras desde su mayoría de edad.
Con la cabeza aún en la corte del Rey, pensando en que ya nada podía enmendar el ridículo cometido, llegó el primer impacto. Una flecha cruzó el bosque, cortando el viento, e impactó en su hombro derecho tumbándolo del caballo...
No sabía el tiempo que había pasado inconsciente. Fueron su medio loba que, a base de insistir logró despertarlo. Le dolía el brazo, había perdido ya mucha sangre y ésta seguía brotando. Observo una nota enganchada en el árbol contiguo que decía "A cambio de tus deudas". Miró a los costados y nada más que su caballo quedaba en aquel camino empedrado construido entre los árboles.
En pleno deliro y desolación por perder lo que tenía, por haber que lidiar con una herencia envenenada, recordó unas palabras que le salvaron la vida: "Levanta la cabeza, eres un caballero y los caballeros no miran al suelo. Miran a la vida a los ojos, más allá de lo que haya pasado". Como si aquella Princesa de ojos con embrujo estuviera a su lado, el caballero notó como la fuerza le volvía a su maltrecho brazo.
Se levantó con la ayuda de la medio loba y aún desangrándose logró formar un torniquete con su camisa. Aquella voz no dejaba de resonar en su cabeza. Y le daba fuerza. Se montó en el caballo y empezó a galopar. Fue entonces cuando abrió su mano izquierda y dentro vio que seguía teniendo la pequeña esclusa de oro. El motivo de su visita al Rey, su cometido.
Juró protegerla con la vida, porqué llegaría el momento en que fuera necesaria. El momento en que ningún viejo linaje pesaría más que la realidad del presente. En el que superar sus miedos, sus dudas y tomar las riendas de su vida de caballero como hacía con su caballo.
Llegado a su tierra, aún con el brazo dañado, arribó el mensajero. Era el momento. No miró atrás y sí adelante. Tomó su decisión, en contra de lo que su linaje le decía y emprendió su camino de vida. Cumpliendo únicamente con lo que el creía justo y deseaba, más allá de arcaicas promesas y tradiciones que nada tenían que ver con él. Se tatuó una flecha en su brazo. Completamente negra. Que siempre señalaba hacia adelante, que es como hay que mirar a la vida.
lunes, 11 de noviembre de 2013
¿Vuelvo a creer?
Llega un momento en que uno mismo se ve obligado a replantearse en todo lo que creía hasta la fecha. Sus actos del pasado, su porvenir en el futuro, sus creencias, sus logros y sus miserias. Más tarde o más temprano algo te obliga a eso, a pensar, a creer y sobretodo a reflexionar si lo que has defendido hasta la fecha ha sido bueno, malo o simplemente no has acertado en tu toma de decisiones.
En ese punto de la partida, lo más habitual es que el miedo entre a jugar de una manera preponderante. No porqué seas miedoso pero sí porqué cualquier variación de los status quo de la vida producen, eso miedo. Más allá de que sepas que los cambios pueden ser buenos, ya lo decían nuestros ancestros con aquella célebre frase de "más vale malo conocido que bueno por conocer".
Pero, ¿y si juegas al malo? La apuesta siempre es arriesgada, pero como en una ruleta debes escoger. En ese momento debes tener el valor suficiente para mirar a tu nueva causa a los ojos, por más profundos que sean. Entrar dentro de si y escudriñar cuanto seas capaz.Solo así sabrás si puedes acertar en la decisión. El valor de enfrentarte directamente con tu nueva causa, como decía, clavarle la mirada en sus ojos y sentir que en ese preciso instante el (tu) mundo deja de girar.
Si eres capaz de sentir, presentir, notar y vivir esa sensación, en el momento que la Tierra siga su curso sabrás que has ganado la partida. Habrás llegado a la meta y estarás en el lado bueno de las cosas. Porqué solo así, podrás volver a tener aquella sensación que habías perdido en el momento de tu replanteo vital.
Y sí, tendrás una nueva causa por la que luchar y dar tu vida. Habrás vuelto a creer.
En ese punto de la partida, lo más habitual es que el miedo entre a jugar de una manera preponderante. No porqué seas miedoso pero sí porqué cualquier variación de los status quo de la vida producen, eso miedo. Más allá de que sepas que los cambios pueden ser buenos, ya lo decían nuestros ancestros con aquella célebre frase de "más vale malo conocido que bueno por conocer".
Pero, ¿y si juegas al malo? La apuesta siempre es arriesgada, pero como en una ruleta debes escoger. En ese momento debes tener el valor suficiente para mirar a tu nueva causa a los ojos, por más profundos que sean. Entrar dentro de si y escudriñar cuanto seas capaz.Solo así sabrás si puedes acertar en la decisión. El valor de enfrentarte directamente con tu nueva causa, como decía, clavarle la mirada en sus ojos y sentir que en ese preciso instante el (tu) mundo deja de girar.
Si eres capaz de sentir, presentir, notar y vivir esa sensación, en el momento que la Tierra siga su curso sabrás que has ganado la partida. Habrás llegado a la meta y estarás en el lado bueno de las cosas. Porqué solo así, podrás volver a tener aquella sensación que habías perdido en el momento de tu replanteo vital.
Y sí, tendrás una nueva causa por la que luchar y dar tu vida. Habrás vuelto a creer.
jueves, 24 de octubre de 2013
A vegades, els somnis...
Aquesta és una història de perseverança, de la cerca d'un petit somni, més enllà de les oportunitats que hi havien. Tot va començar fa poc més d'un any i mig, amb el dilema de l'elecció del lloc per fer les pràctiques de Periodisme. Dilema per qui no ho tenia clar. Jo, en canvi, no tenia massa dubtes i de les 10 opcions que hi havia, fins en 10 vegades vaig marcar la mateixa opció "redacció d'esports de TV3". Amb l'esperança que, l'interlocutor, vegués que tenia claríssim on volia anar i què volia fer.
Després d'aquesta primera elecció, calia adjuntar una carta de presentació exposant els motius que m'havien portat a demanar aquelles opcions. Aquest és un detall del que deia aquella carta:
Després d'aquesta primera elecció, calia adjuntar una carta de presentació exposant els motius que m'havien portat a demanar aquelles opcions. Aquest és un detall del que deia aquella carta:
En primer lloc,
tinc molt clar cap on vull encaminar el meu futur professional un cop acabada la carrera. Més enllà
d’una feina, entenc el periodisme esportiu com una passió com una manera
d’entendre la professió i és la base del que espero que sigui el meu pervenir
dels propers anys. A més a més, vaig començar a estudiar periodisme tard, tinc
ja 27 anys, i crec que no puc donar voltes i si lluitar pel que realment
m’agrada.
També perquè si hi
ha un referent a casa nostra sobre el tractament dels esports en els mitjans de
comunicació, aquest es TV3. He crescut veient les retransmissions d’en Pere
Escobar, els comentaris del Pichi Alonso, el Tot l’Esport diari, les connexions
en directe de l’Arcadi Alibés, el tennis amb en Xavier Bonastre, el bàsquet amb
en Jordi Robirosa acompanyat del Víctor Lavagnini i en Nacho Solozábal, el
Bàsquetmania d’en Lluís Canut... i així un llarg etcètera de grans
professionals que em serveixen de referents.
A partir d'aquest moment, la llarga espera. Fins que arriba la notícia que sí, estàs admès a la redacció d'esports de TV3 i que comences el juny del 2013. Faltava tot un any encara! L'espera es faria llarguíssima perquè enganyar-nos però tot trajecte té el seu destí i aquest tren va parar-se el 3 de juny, per tal que pogués baixar i pujés a un altre, al de TV3, que ara ja puc dir amb més propietat "la meva".
Després de la setmana de formació, havia arribat el gran dia. Suposo que una mica, per explicar la sensació, és com aquell jugador de la pedrera que trepitja per primer cop el Camp Nou, envoltat de tots els jugadors del primer equip i que es queda una mica encantat mirant el seu entorn. Així em sentia jo. Escoltant aquelles veus i mirant els rostres que fins aleshores tota la familiaritat que hi tenia era en petita pantalla. En algun moment trigava algun segon a contestar i era perquè estava com en un núvol. Després, dins meu, pensava "segur que al final em pendran per tonto".
I el que era un somni s'anava fent realitat. Paraules com Off, insert, vídeo... es van convertir en familiars per mi, i els professionals que tenien la "sort" d'asseure's a prop meu acabaeven sent la meva wikipedia. Però, un cop superat la fase d'aterratge, aquella sensació de sentir-te una peça més de l'engranatge de la redacció és espectacular. I t'adones que et sents un més quan en mig d'un debat, crec que era de ciclisme, t'atreveixes a posar cullerada endemig dels professionals que donen el seu punt de vista. T'escolten i debaten amb tu, és llavors quan dius "m'estan tractant com si fos una persona més d'aquí i no com un estudiant" i sens dubte, aquest fet és un dels que més he agraït al llarg d'aquests quatre mesos.
Fins que t'arriba el moment del debut. En el meu cas va ser a finals de juliol, amb un vídeo del Purito i la seva brutal temporada arrodonida amb el podi al Tour de França. Aquell cop va ser el primer cop que la meva veu va sonar en un TN. I això, per mi, va ser debutar a la Champions. Mentre grabava, recordo al Jordi Fargas dient-me "projecta veu, que tens més pulmons", el Bonastre demanant silenci mentre parlava... Tota una experiència això de grabar al mig de la redacció!
Els dies però van passar ràpid, massa i tot. El que vaig viure des d'anar al Camp Nou fins als Mundials de Natació, els off, els vídeos i els inserts, els debats d'actualitat esportiva (o no) i la darrera aportació un petit reportatge sobre waterpolo avui ja són història. O millor dit, són records. Perquè al cap i a la fi, en aquesta societat que vivim, la única cosa que no ens podran prendre serà això, els records.
I redundant, sempre recordaré aquests quatre mesos. Mai oblidaré a totes les persones que m'han fet viure com un autèntic professional l'art del periodisme. Si posés tots els vostres noms aquí segur que me'n deixaria algun i em sabria massa greu. Però cada un dels segons viscuts en aquesta redacció han estat especials i únics. Suposo que per això la nostàlgia m'envaeix avui, que m'he acomiadat i que no sabia massa que dir quan m'acostava per dir adéu. Tenia un nus a la gola similar al que vaig tenir el primer cop que vaig trepitjar la redacció. Aquesta deu ser la màgia de sentir-te periodista.
Sempre m'han dit que el pitjor dels somnis és quan et despertes. En canvi, jo crec que el millor de somniar és poder-te despertar, perquè llavors sabràs que, encara que sigui en el teu record, has viscut el que somniaves amb viure. Perquè a vegades, els somnis s'acaben fent realitat!
Moltíssimes gràcies per aquests quatre mesos!!!
miércoles, 11 de septiembre de 2013
I repica la Seu Vella
El so de les campanes de la Seu Vella de Lleida va donar l'obertura a un dia que ja és únic. Emocions, abraçades, nervis i alegria serien algunes de les moltes sensacions que han recorregut el cos de les persones que estimem Catalunya. En aquell minut màgic, les 17:14, la feina de molts i molts mesos s'ha donat la mà per fer possible una imatge que ja quedarà per sempre.
De sud i nord, de l'est i l'oest, tots els catalans que volem una Catalunya lliure ens hem donat les mans i hem cridat ben fort el que sentíem, el que portàvem dins. Parlaments i paraules han completat una via que és una demostració tan de poder com de voluntat. I Voluntat popular no pas política, perquè el poble hem agafat les regnes del cavall i són els polítics qui van a remolc del carro.
Les llàgrimes, d'emoció, que m'han negat els ulls en veure les imatges dels compatriotes vestits de groc, omplint la via, quasi per duplicat, són l'exemple més clar que ara ja no hi ha pacte possible que ens mantingui agafats a la cadena d'un estat que no ens compren. Només hi ha d'haver un pacte, el de la consulta. Del contrari, la via catalana ha de continuar el seu curs, amb el poble com a locomotara, per no permetre que cap polític és permeti el luxe de posar fre a la marxa catalana, que és "a tota màquina".
Ni la censura d'internet, que ha permès descobrir l'enginy i el gust català per menjar croquetes ni els atacs feixistes a Madrid faran que frenem. Per França és van escapar al 39 els demòcrates, per l'Ebre vam perdre la batalla de la Guerra Civil. Avui aquests espais mítics, passan per Barcelona, on el 1714 vam perdre la llibertat, han quedat units al so de les campanes lleidatanes. Hem tornat a fer història.
VISCA CATALUNYA!
De sud i nord, de l'est i l'oest, tots els catalans que volem una Catalunya lliure ens hem donat les mans i hem cridat ben fort el que sentíem, el que portàvem dins. Parlaments i paraules han completat una via que és una demostració tan de poder com de voluntat. I Voluntat popular no pas política, perquè el poble hem agafat les regnes del cavall i són els polítics qui van a remolc del carro.
Les llàgrimes, d'emoció, que m'han negat els ulls en veure les imatges dels compatriotes vestits de groc, omplint la via, quasi per duplicat, són l'exemple més clar que ara ja no hi ha pacte possible que ens mantingui agafats a la cadena d'un estat que no ens compren. Només hi ha d'haver un pacte, el de la consulta. Del contrari, la via catalana ha de continuar el seu curs, amb el poble com a locomotara, per no permetre que cap polític és permeti el luxe de posar fre a la marxa catalana, que és "a tota màquina".
Ni la censura d'internet, que ha permès descobrir l'enginy i el gust català per menjar croquetes ni els atacs feixistes a Madrid faran que frenem. Per França és van escapar al 39 els demòcrates, per l'Ebre vam perdre la batalla de la Guerra Civil. Avui aquests espais mítics, passan per Barcelona, on el 1714 vam perdre la llibertat, han quedat units al so de les campanes lleidatanes. Hem tornat a fer història.
VISCA CATALUNYA!
domingo, 8 de septiembre de 2013
El dret a decidir i altres eufemismes "democràtics"
Arriba un moment en la vida de les persones en que cal prendre decisions. Però el més important, a vegades, no acaba sent la decisió que prens, si no tenir el valor de decidir. Aquí, a casa nostra, una sèrie de polítics amb més galons que valors ens han omplert el darrer any d'un eufemisme que ens hauria de fer posar a tots vermells. "El dret a decidir". Algú, a hores d'ara, encara m'ha d'explicar quin és aquest dret pel qual hem de demanar permís. Vivim en una dictadura i no me n'he adonat?
El principal valor de la democràcia, almenys com jo la entenc, és la llibertat dels ciutadans. Més enllà del seu color, raça i ètnia, són lliures, som lliures, per prendre les nostres pròpies decisions. És a dir, la llibertat individual de cada persona, acaba permetent una llibertat global de les comunitats humanes democràtiques, lliures i sobiranes per prendre les seves pròpies decisions.
Però sembla ser que estic errat. Sembla ser que la democràcia només és posar un vot cada quatre anys i callar la resta. Demanar permís per decidir què podem i no podem votar, no tenir potestat alguna en saber què és faran dels diners que nosaltres guanyem i paguem en impostos, aguantar escàndol polític darrera escàndol polític amb una mordaça perquè "els mercats" s'enfaden i castiguen. I tot perquè? Doncs no sé si és per falta de valor o per excés de poltronisme, el que tinc clar és que fa pena la democràcia de fireta en què ens hem convertit.
D'aquí tres dies torna a ser 11 de setembre, i realment la política no ha estat capaç de fer res més que de lligar-se de mans i peus. La "classe política" la darrera de les castes que hauria de desaparèixer no té valor i per tant cal que la gent en tinguem. I no per sortir l'11 de setembre, que també. Si no més aviat per fer que cada dia sigui 11 de setembre a les nostres cases, viles i ciutats.
No demanem permís per decidir. Decidim, que ja fa molts anys que hem adquirit la majoria d'edat. Decidim, perquè estem en el nostre dret. I sobretot, decidim, perquè la història no ens perdonarà no ser valents i decidir.
El principal valor de la democràcia, almenys com jo la entenc, és la llibertat dels ciutadans. Més enllà del seu color, raça i ètnia, són lliures, som lliures, per prendre les nostres pròpies decisions. És a dir, la llibertat individual de cada persona, acaba permetent una llibertat global de les comunitats humanes democràtiques, lliures i sobiranes per prendre les seves pròpies decisions.
Però sembla ser que estic errat. Sembla ser que la democràcia només és posar un vot cada quatre anys i callar la resta. Demanar permís per decidir què podem i no podem votar, no tenir potestat alguna en saber què és faran dels diners que nosaltres guanyem i paguem en impostos, aguantar escàndol polític darrera escàndol polític amb una mordaça perquè "els mercats" s'enfaden i castiguen. I tot perquè? Doncs no sé si és per falta de valor o per excés de poltronisme, el que tinc clar és que fa pena la democràcia de fireta en què ens hem convertit.
D'aquí tres dies torna a ser 11 de setembre, i realment la política no ha estat capaç de fer res més que de lligar-se de mans i peus. La "classe política" la darrera de les castes que hauria de desaparèixer no té valor i per tant cal que la gent en tinguem. I no per sortir l'11 de setembre, que també. Si no més aviat per fer que cada dia sigui 11 de setembre a les nostres cases, viles i ciutats.
No demanem permís per decidir. Decidim, que ja fa molts anys que hem adquirit la majoria d'edat. Decidim, perquè estem en el nostre dret. I sobretot, decidim, perquè la història no ens perdonarà no ser valents i decidir.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Y Alicia cruzó el espejo
Llegó el día en
que se miró al espejo y vio su reflejo. Más allá de las imágenes que había
vislumbrado a lo largo de su vida en cualquier objeto que la reflejara, no fue
hasta ese día que cruzó el espejo. La redundancia de las primeras letras solo
es comprensible con la auténtica duplicidad de una imagen que hubiera hecho empalidecer
a la más narcisista de las personas.
La importancia
del momento se dio porqué no es solo la silueta lo que veía antes sus ojos si
no que lo que aquel espejo reflejó fue su esencia. Más allá del color de los
cabellos, de la tonalidad de los ojos y de la amplitud de su sonrisa, Alicia
vio lo que era a los ojos del mundo. Su cabello negro azabache se tornó en
hilos de oro, sin embargo su amplia sonrisa seguía siendo exactamente la misma.
El habla se le
quebró pues no sabía a ciencia cierta que era lo que le pasaba a su espejo, el
que siempre le había enseñado como era por fuera. Pero la magia de los momentos
especiales permite situaciones inverosímiles. Ella estaba viviendo una, esa vez
frente un espejo que la había trasladado en un mundo desconocido hasta la
fecha.
Tras ese momento
de estupefacción, sus diamantes negros se clavaron en aquel reflejo de su ser. Alargo
la mano hasta tocar el espejo. Como si del estanque de Narciso se tratara, las
ondas circulares aparecieron a cual tsunami con su dedo como epicentro. Se
asustó, pues se dio cuenta que algo desconocido le estaba pasando. Apartó la
mano con fuerza hasta regresarla a su cintura mientras sus ojos observaban como
las aguas volvían a su cauce.
Su alter ego la
llamaba. Tras unos momentos de tensión, nervios y muchas dudas, sonrió. Dio dos
pasos atrás, para coger impulso y se lanzó. De un salto atravesó el cristal líquido
y entró en el mundo de las sensaciones. Aquel en que la crueldad humana era un
mito y en el que sonreír era una obligación. Con su rubio alter ego, cogidas de
la mano, empezaron a caminar con el Sol alumbrando su camino y con la felicidad
en el final de su destino.
sábado, 24 de agosto de 2013
El vestido azul que un día te pusiste
Era una de aquellas tardes en que me balanceaba en mi silla favorita. Lo hacía mientras estaba en tránsito, medio despierto medio dormido. Eso me pasaba debido a una avanzada edad, que me había permitido ver prácticamente nueve décadas. En estos momentos, me era más fácil recordar según que momentos de mi juventud que lo que había comido en el medio día durante el almuerzo. Gajes del oficio.
El episodio que me dio por recordar, entre siesta y siesta, se remontaba a mi juventud, cuando aún no contaba los 30 veranos y coqueteaba con los sueños de un joven que aún quería comerse el mundo a bocados y no morir en el intento. Y en una de esas situaciones que no sabes exactamente como se dan me encontraba en una sala de fiesta, de esas que siempre tienen un encanto especial.
Entre amigos, invitados, conocidos y saludados pasó una noche más, de aquellas que en un principio no tienen nada especial para ser recordadas. O eso creía recordar ahora. Sin embargo, como era algo habitual el champagne corrió entre nosotros como si oro líquido fuera.
Ya, descorchando la última botella, pasó algo que cambió el título de la noche. Una aparición de aquellas que no esperas y que sin embargo nunca olvidas, ni ahora, en plena vejez. Una presencia interrumpió aquella pequeña reunión de amigos y lo hizo sin querer, únicamente estando ahí. Recuerdo perfectamente la sensación de mi mandíbula desencajándose en ver el reflejo de la tenue luz de la sala en aquel vestido azul.
Tras recoger mi maxilar inferior y volverlo a encajar con el resto del cuerpo, pude volver a levantar la cabeza y ver que era lo que acompañaba a dicha silueta. Pasó por delante y puede clavar, por unos segundos, mis ojos en los suyos. Grandes y misteriosos, como el desierto te invitaban a entrar en ellos a sabiendas que el camino de regreso era poco más que una utopía. Una gran sonrisa acompañada de un susurro que bien podía ser el viento surcando las dunas del Sahara eran el complemento perfecto de aquel vestido azul.
Acabó de cruzar la sala y se perdió en el fondo, en la oscuridad, más allá de donde llega la visión de un hombre cuyo único súper poder era tenderse en pie tras la mezcla explosiva de oro líquido y misterios del desierto...
Y, des de aquel día, sin ser excesivamente fan de La Oreja de Van Gogh, periódicamente resuena una canción suya... "con el vestido azul, que un día te pusiste..." Pasaron más de 60 años y todavía recuerdo aquel paso como si fuera una secuencia fotográfica. Vestido azul, mirada, sonrisa y susurro... Y un paso detrás de otro mientras la música no dejaba de sonar para aquella misteriosa presencia que dejó su sello para siempre en la que era una noche cualquiera.
martes, 23 de julio de 2013
No te lo puedo contar
Sun Tzu, uno de los grandes estrategas de la historia, decía algo como "los grandes primero ganan las batallas y luego van a la guerra". Disculpadme si la cita no es exactamente literal. Lo decía en "El Arte de la Guerra" aquel libro pensado para gestionar conflictos y que cualquier persona debería leer. Eso, aplicado al día a día, viene a ser algo como "no hagas nada que luego se te pueda girar en contra". La interpretación es completamente libre y subjetiva, por supuesto, pero es la que yo hago.
Llegados a este punto, y en el contexto actual, nos encontramos que en nuestro día a día hay batallas y guerras diarias. Generalmente se producen choques, roces, conflictos de intereses... y por norma suelen ser por el dominio de la información. Ya lo decía Michael Douglas en "Wall Street" lo que te permite dominar las situaciones es la gestión y el control de la información. Más que el actor, la frase era de su alter ego, míster información privilegiada, Gordon Gecko. Y tenía razón.
Es por eso que en tantas ocasiones hemos empleado aquella mítica frase de "no te lo puedo contar". Creíamos poseer una información importante, o simplemente, nos habíamos comprometido a que no se divulgara. Y por eso no podía ser contada. Nuestra verborrea podía poner en situaciones complicadas a personas a las que apreciábamos, hacer caer negocios y, en definitiva y como decía Sun Tzu, que nuestros aliados no ganaran la guerra antes de librarla por tener alguien que les torpedeaba por detrás.
El amor no se escapa a esa lógica. Revelar lo que queremos, lo que sentimos, en ocasiones creemos que nos puede poner en desventaja con la otra parte. A la que, en el momento del tonteo, podemos ver tanto como un aliado o como un rival. Debe saber, pero no demasiado, no vaya a ser que el amor se convierta en odio y nos acabe pasando factura. Y a su vez nos conviene tener información para saber como gustarle más, para darle una sorpresa, para tener claro cuando darle un beso...
Así pues, y con lo dicho hasta aquí, entenderéis perfectamente que no os pueda contar los motivos que me han llevado a esta, tal vez estúpida, nocturna reflexión de media noche.
Llegados a este punto, y en el contexto actual, nos encontramos que en nuestro día a día hay batallas y guerras diarias. Generalmente se producen choques, roces, conflictos de intereses... y por norma suelen ser por el dominio de la información. Ya lo decía Michael Douglas en "Wall Street" lo que te permite dominar las situaciones es la gestión y el control de la información. Más que el actor, la frase era de su alter ego, míster información privilegiada, Gordon Gecko. Y tenía razón.
Es por eso que en tantas ocasiones hemos empleado aquella mítica frase de "no te lo puedo contar". Creíamos poseer una información importante, o simplemente, nos habíamos comprometido a que no se divulgara. Y por eso no podía ser contada. Nuestra verborrea podía poner en situaciones complicadas a personas a las que apreciábamos, hacer caer negocios y, en definitiva y como decía Sun Tzu, que nuestros aliados no ganaran la guerra antes de librarla por tener alguien que les torpedeaba por detrás.
El amor no se escapa a esa lógica. Revelar lo que queremos, lo que sentimos, en ocasiones creemos que nos puede poner en desventaja con la otra parte. A la que, en el momento del tonteo, podemos ver tanto como un aliado o como un rival. Debe saber, pero no demasiado, no vaya a ser que el amor se convierta en odio y nos acabe pasando factura. Y a su vez nos conviene tener información para saber como gustarle más, para darle una sorpresa, para tener claro cuando darle un beso...
Así pues, y con lo dicho hasta aquí, entenderéis perfectamente que no os pueda contar los motivos que me han llevado a esta, tal vez estúpida, nocturna reflexión de media noche.
miércoles, 26 de junio de 2013
Dejarte llevar
El peso de las decisiones es aquello que te acompaña desde que tomas una, hasta que lo decidido acaba sin tener importancia. Aquel espacio temporal, ya sea corto o largo, en función del tema, acaba marcando el porvenir de un futuro inmediato. Llegados a este punto, uno se da cuenta que cada vez que parpadea acaba tomando una decisión. Desde el color de los zapatos hasta el que quiero ser de mayor.
Solo el paso de los días acaba dando por buenas y malas las decisiones tomadas. Sin embargo, siempre es peor una mala decisión que no hacer nada, pues el tono grisáceo de una vida dejada llevar por las distintas corrientes de personas que deciden por nosotros acaba creando masa en lugar de persona.
Quizá este sea el punto en que se encuentra nuestra sociedad. La masa ha rebasado la persona y seguimos inmersos en una espiral de decisiones que toman por nosotros más allá de los intereses del gran grupo. La última, la que me provoca más indignación es la petición de gran parte de la masa: retirar los Juegos Olímpicos a Río de Janeiro para darlos a Madrid... Me ahorraré los comentarios más brutales y solo diré... ¿En que país vivimos? En lugar de pensar... deberíamos estar en la calle se piensa... mientras estos están en la calle a ver que les podemos robar.
Llegados a este punto, y parafraseando al profesor Burguet, padrino de mi graduación... ¿Esta gente se puede mirar en el espejo y no horrorizarse? Si es así, sin duda tenemos lo que nos merecemos, una sociedad aborregada que se deja llevar por las corrientes de mandatarios que no ven más allá de sus propios intereses, ubicados en las atalayas del centro de la península.
Seré un romántico, muchas veces lo pienso. Pero el defender lo que uno cree no es individualismo, más allá de lo que pueda parecer, si no es la viva representación de que hay vida bajo la carne, de que somos algo más que carneros en un rebaño y, en definitiva, que las bases de la democracia que sentaron en al Grecia clásica aún no están perdidas.
Debemos luchar por nuestros derechos, defender lo que sea defendible y apelar al cambió de las cosas innecesarias. Probablemente, des de mi pequeña conciencia, seguiré soñando en que cambiar esto es posible. Como suelo responder siempre, tenemos que ir a mejor por fuerza, porqué aunque sea complicado yo sigo creyendo en el ser humano. Humanista, tal vez por obligación, pero al fin y al cabo humanista.
Aunque solo una persona logre cambiar su estrella, el esfuerzo del colectivo habrá merecido la pena. Lucha, siente, y en conclusión vive. Lleva las riendas de tu vida y atrévete a salir del rebaño, es muy probable que lo que veas te guste y ya jamás quieras dejarte llevar.
Solo el paso de los días acaba dando por buenas y malas las decisiones tomadas. Sin embargo, siempre es peor una mala decisión que no hacer nada, pues el tono grisáceo de una vida dejada llevar por las distintas corrientes de personas que deciden por nosotros acaba creando masa en lugar de persona.
Quizá este sea el punto en que se encuentra nuestra sociedad. La masa ha rebasado la persona y seguimos inmersos en una espiral de decisiones que toman por nosotros más allá de los intereses del gran grupo. La última, la que me provoca más indignación es la petición de gran parte de la masa: retirar los Juegos Olímpicos a Río de Janeiro para darlos a Madrid... Me ahorraré los comentarios más brutales y solo diré... ¿En que país vivimos? En lugar de pensar... deberíamos estar en la calle se piensa... mientras estos están en la calle a ver que les podemos robar.
Llegados a este punto, y parafraseando al profesor Burguet, padrino de mi graduación... ¿Esta gente se puede mirar en el espejo y no horrorizarse? Si es así, sin duda tenemos lo que nos merecemos, una sociedad aborregada que se deja llevar por las corrientes de mandatarios que no ven más allá de sus propios intereses, ubicados en las atalayas del centro de la península.
Seré un romántico, muchas veces lo pienso. Pero el defender lo que uno cree no es individualismo, más allá de lo que pueda parecer, si no es la viva representación de que hay vida bajo la carne, de que somos algo más que carneros en un rebaño y, en definitiva, que las bases de la democracia que sentaron en al Grecia clásica aún no están perdidas.
Debemos luchar por nuestros derechos, defender lo que sea defendible y apelar al cambió de las cosas innecesarias. Probablemente, des de mi pequeña conciencia, seguiré soñando en que cambiar esto es posible. Como suelo responder siempre, tenemos que ir a mejor por fuerza, porqué aunque sea complicado yo sigo creyendo en el ser humano. Humanista, tal vez por obligación, pero al fin y al cabo humanista.
Aunque solo una persona logre cambiar su estrella, el esfuerzo del colectivo habrá merecido la pena. Lucha, siente, y en conclusión vive. Lleva las riendas de tu vida y atrévete a salir del rebaño, es muy probable que lo que veas te guste y ya jamás quieras dejarte llevar.
martes, 11 de junio de 2013
La democracia se hunde desde su cuna
Once de junio de 2013, esta ha sido la fecha que ha escogido
el gobierno de Grecia para anunciar el cierre de la televisión pública. Es
decir, la democracia tal y como la hemos entendido en toda nuestra vida empieza
a dejar de tener sentido justo en el lugar donde nació.
Puede sonar a un texto corporativista, pero no lo pretende.
La frase sin periodismo no hay democracia es, cada día que pasa, más cierta. Y me
atrevo a añadir que sin periodistas, pero hablo de PERIODISTAS y no pica
letras, tampoco hay periodismo. Sin el valiente capaz de jugarse su vida para
contar la verdad, que no le tiemble el pulso para denunciar irregularidades,
que haga llegar todos los puntos de vista a la gente… sin él nuestra sociedad
carece de sentido. Y en Grecia hoy les dieron una estocada.
Es por eso que hoy es un día triste. Y, además, no podía ser
en otro lugar. La cuna de nuestra civilización, aquella cuyas enseñanzas han
perdurado más allá de siglos y milenios… hoy nos dice que ha empezado a apagar
las luces y que la fiesta de la democracia entona sus últimas canciones.
No puede sorprendernos. Pues sus vecinos, los antiguos
romanos, ya nos lanzaron el primer globo sonda al dotar de poderes máximos un
ser no pasado por las urnas. Sí, más o menos como la República romana que, en
situaciones de emergencia, contemplaba la opción de convertir al César en
dictador supremo. Un par de milenios después, el gobierno de Italia cedió a las
presiones del centro de Europa y abdicó. No fue Odoacro quien acabó esta vez
con el gobierno romano, si no Angela Merkel. Pero el resultado fue el mismo.
Francia, o mejor dicho, los ideales de la revolución
francesa dejaron claros la necesidad de los tres poderes: ejecutivo,
legislativo y judicial. Sus pensadores, ya entonces, utilizaron el cuarto (la
prensa) para difundir su ideario ya fuere en hojas, gacetas o mediante la
enciclopedia de Diderot. Ya entendieron que sin información no hay libertad.
Va siendo ya hora que, más allá de nuestra profesión, nos
planteemos que pasa en nuestro alrededor. Si estamos dispuestos a vivir en un
mundo de silencios ante las violaciones e injusticias o si por el contrario
vamos a luchar para ser cada día más libres. Hoy, sin duda, las tinieblas le ganan
a la luz.
Veremos qué pasa mañana…
lunes, 3 de junio de 2013
Els fantasmes de la Transició
Per contextualitzar
aquesta entrada al blog, he de dir que jo vaig néixer quan la democràcia era un
fet, sobretot gràcies a tres persones tan diferents com un comunista (Santiago
Carrillo), un centrista (Adolfo Suárez) i un militar (Gutiérrez Mellado) que amb
la seva valentia van contribuir a salvar la democràcia espanyola quan tots els
demòcrates s’amagaven sota les taules i cadires dels seus escons i el Rei
jugava a veure-les venir sense pronunciar-se. I no s’entengui com una crítica,
si no com una realitat.
Parlo de
fantasmes de la transició perquè, sembla ser, que als qui no l’hem viscut se’ns
prohibeix tàcitament posar-la en qüestió. Escoltant l’altre dia a la Marina
Llansana a la tertúlia de Catalunya Ràdio, vaig tenir aquesta mateixa sensació.
Quan ella plantejava els dubtes del que s’havia fet bé i malament, els que
aleshores ja eren polítics li parlaven amb un to alliçonador, volen dir “ves
que dius si tu no ho vas viure”. I realment, vaig sentir molta molta ràbia, més
encara quan ara, alguns dels protagonistes de la transició van reconeixent errors,
tot i que ho fan en comptagotes.
Sembla ser que
els fantasmes i les tenebres d’aquells dies s’hagin de tapar sempre. Que no es
pugui posar llum a una sèrie de situacions que, en gran part, han menat cap al
país que hi ha avui en dia. Llavors, ja sigui per por o per prudència, no es
van afrontar autèntics problemes. Els encaixos nacionals es van voler diluir i
la pantomima de les comunitats autònomes va quedar retratada amb la creació de
realitats tan fictícies com la Comunitat de Madrid. No sé si pretenia ser un
Washington DC, però l’estructura dista molt de l’americana. A més a més, sempre s’explica que Catalunya
no té concert econòmic perquè “va arribar tard”. De veritat? A mi em costa molt
de creure aquesta explicació i sí que m’encaixa molt més que l’aportació al
fons comú de Catalunya (uns 6 milions d’habitants aleshores) era força més gran
que la d’Euskadi i Navarra. Ara, Roca i Junyent, reconeix que no haver
aconseguit el mateix tracte fiscal fou un error. Trenta anys després, però es
reconeix.
Probablement els
que ho van viure diran que no es podia fer de cap més manera, que s’havia de
cedir pel bé comú. Però a dia d’avui, trenta anys després, les concessions
fetes aleshores continuen ben vigents. De manera preponderant una. El cap d’estat
d’Espanya és el mateix que va deixar Franco. Tal vegada no amb la fórmula que
hagués desitjat el dictador, però sí en la persona. La transició democràtica
només pot acabar quan es deixi de tenir un cap d’estat per la gràcia de Déu, o
per la gràcia del Generalísimo i se’n tingui un per voluntat popular. Ja
comença a ser hora que s’afronti l’autèntic debat.
Però sembla que
no, que parlar dels problemes que fan d’Espanya un estat inestable, que fan que
hi hagi molta gent que ens en vulguem independitzar encara no toca. És
impossible avançar sense deixar de mirar al passat. És clar que cal saber d’on
venim per tenir clar on volem anar, però ja va sent hora que s’afrontin amb
valentia els fantasmes que va deixar la Transició. Tot i que, molt em temo, que
al Congrés dels Diputats ja no queda gent de la que mira al perill als ulls i
li diu: “no em mouré d’aquí passi el que passi”.
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